miércoles, 28 de enero de 2015

Alimentación natural de perro


Por Cocha Català Alcaide

29/1/2015


La alimentación correcta y el ejercicio físico condicionan la salud de los perros. En la actualidad se considera la enfermedad de los animales de compañía como algo inevitable, cuando la realidad es que la provocan por un lado una forma de alimentación contra su propia naturaleza y por otro el confinamiento en pisos, jaulas y la consiguiente falta de ejercicio físico. En la naturaleza los animales no tienen tan mala salud; se alimentan según su propia sabiduría. Así pues, tratemos de administrar a nuestros animales el alimento que ellos consumirían en la naturaleza.

En el caso del perro el secreto de su salud consiste en una dieta carnívora. El perro pertenece al grupo de los carnívoros y en estado salvaje se alimenta de carne CRUDA. Su anatomía está adaptada al régimen cárnico; con dientes poderosos para desgarrarla, un estómago pequeño y muy musculoso, un intestino corto que asegura que la carne no se pudrirá dentro de él y con potentes jugos gástricos y saliva antiséptica para disolver la proteína. Por todo ello están preparados no sólo para la carne cruda sino también para la carne pasada, que ha iniciado el proceso de putrefacción y la de animales enfermos; carne que a nosotros nos sentaría mal. La capacidad digestiva del perro es muy débil, y por tanto sólo puede digerir pequeñas cantidades de alimento por vez y una de las reglas es:

Suministrar pequeñas cantidades de alimentos muy concentrados, siendo la carne cruda uno de los principales.

La carne se administrará cortada a trozos, no machacada ni picada. Ten en cuenta que su digestivo está preparado para comerla así. Si damos de comer al perro las sobras de casa estamos haciendo sufrir su intestino con alimentos que no puede digerir, nosotros sí podemos, pero ellos no. Existe la creencia popular y falsa de que si alimentas a tu perro con carne cruda, se vuelve un “asesino”. Está ampliamente demostrado que eso no es así.

La carne cruda en trozos debe representar el 75% de la ración, dos o tres veces al día. Aproximadamente son 500 gr de carne cruda y 200 gr de cereal integral al día para un adulto de 30 Kg de peso vivo. Esta dieta asegura un buen aporte de vitaminas y minerales, y por ello no es precisa más cantidad, aunque para los humanos sea totalmente antinatural pues nosotros somos omnívoros y nuestro digestivo está preparado para la mezcla de nutrientes diferentes en grandes cantidades pero no lo está para comer carne cruda. Nosotros hemos de cocinar los alimentos para asimilarlos mejor pero al perro no le hace falta.

Hay que preguntar en las carnicerías por las sobras de carne magra (no vísceras pues vienen muy intoxicadas y parasitadas). Hay que preferir la carne de oveja y cabra (el costillar o las cabezas) o el carrillo de vacuno. En cualquier caso, la que salga más económica teniendo en cuenta que debe ser carne magra, no huesos ni despojos viscerales. Para los perros de talla pequeña sirve el conejo y el ave.  Y siempre CRUDA.

Hay que desconfiar, en primer lugar del pienso seco ya que es un alimento industrial hecho a base de alimentos desnaturalizados y baratos, y de las supuestas carnes enlatadas con verdura y gelatina que venden en los supermercados dado que el contenido en carne, aunque la apariencia diga lo contrario, es escaso. Además llevan conservantes químicos, e irritan la mucosa digestiva. Esta “carne” suele ser la causa de las defecaciones demasiado abundantes y de olor nauseabundo que predominan en nuestras aceras.

Un perro alimentado incorrectamente vive infestado de parásitos, despide mal olor corporal, tiene mal aliento, envejece prematuramente y sus dientes están ennegrecidos por una espesa capa de sarro. Todo esto se consigue a base de dar de comer al perro dieta humana o alimento industrial desnaturalizado.

Es peor dar de comer carne cocida que carne pasada con algo de olor: recuerda que él está preparado para digerirla sin problemas. Además la sabiduría popular dice que es bueno hacer ayunar al perro periódicamente y que hay que dejar que se purgue con hierba cuando lo necesite y eso es totalmente cierto cuando el animal no come la dieta adecuada, si le damos carne cruda no necesitará ni de lo uno, ni de lo otro.

La carne puede estar un poco pasada, pero exenta de larvas de mosca pues eso les haría enfermar. Por tanto la carne debe conservarse en la nevera o fuera pero protegida. La congelación altera las propiedades de la carne y no es aconsejable. Si no hay más remedio asegúrese de que no le da de comer la carne parcialmente descongelada pues también así le haría enfermar.

Los huesos de ave y conejo, tan denostados por el veterinario tradicional, tan sólo son un peligro si están cocidos. Al administrar la carne cruda los huesos dejan de ser un peligro para las perforaciones del tubo digestivo. Con la carne de conejo habrá que ser prudente pues algunos de ellos pueden trasmitir la mixomatosis al perro. La carne de ave y conejo fría es indigesta; con estos dos animales es conveniente la inmersión en agua caliente para devolverles la elasticidad un poco antes de ponerlas en el plato de comida del perro.

En la naturaleza el animal ingiere la carne con algo de pelo o pluma del cadáver y esto es beneficioso pues hace las veces de fibra, arrastrando el bolo alimenticio por el intestino. Como no es posible dar pelo o pluma, sustituiremos por salvado de cualquier cereal como el trigo. Posee además mucha vitamina del grupo B. Se puede sustituir por salvado de avena. Una cucharada mezclada con la carne cruda será suficiente en cada comida.

Los huesos crudos son como cepillos de dientes para los perros. Ejercitan los músculos mandibulares al masticarlos. De entre ellos elegiremos los de costilla de cualquier especie. Los huesos con médula son excesivos en muchos casos y pueden desgastar la dentadura. Jamás cocidos pues pueden perforar el intestino o impactarlo. Se deben dar siempre tras la comida, como postre para que no bloqueen el tránsito intestinal ni generen gases. Sirven las patas de pollo crudas sin uñas. No dar diariamente pero sí semanalmente.

El pescado no es un alimento conveniente para la mayor parte de los perros. Hay razas, como el perro de aguas portugués o los nórdicos que se alimentan exclusivamente de pescado. En tal caso se debe dar crudo e igual que en el ave, debe sumergirse previamente en agua caliente para hacerlo digestible. Los mejores son la caballa y el arenque. Hay que espolvorear algo de copos de avena sobre él. El atún en lata también sirve eliminando el exceso de aceite.

Además de la carne cruda añadiremos algo de CEREAL pues en la naturaleza los carnívoros ingieren también las vísceras, y con ellas algo del verde del estómago de las víctimas. Además, el cereal proporciona enormes cantidades de vitaminas y minerales esenciales para ellos. Aunque el cereal de elección JAMÁS será refinado pues su valor nutritivo es prácticamente nulo; es una carga para las glándulas de la digestión y forma una pasta pegajosa en el estómago. Otra consideración importante es la forma en que el perro obtiene en la naturaleza el cereal y la hierba; y es como he dicho del digestivo de su víctima, por tanto parcialmente digerido. De hecho los granos de cereal intactos no pueden ser digeridos por el intestino del animal así que hay que adaptarlos. Los cereales en copos de avena, cebada o centeno integral en remojo unas horas en un poco de leche u otro lácteo o en caldo de verduras (pero no de carne) son los más fáciles de conseguir. En cuanto al trigo hay que cocer en agua la harina integral para que sirva. Los copos no deben estar tostados ni llevar azúcar: ¡ojo!

También es un excelente cereal el maíz. Se puede consumir en forma de copos o crudos; bien secos de la mazorca, rallados y ablandados en leche, bien el enlatado que no pierde ni una de sus propiedades. En tal caso debes asegurarte de que el maíz no lleve azúcar y debes aplastarlo antes de dárselo. No sirven la harina de maíz integral ni la maicena.

El arroz es excelente pero si es integral y si es de forma ocasional. Sobre todo enriquecido con un chorro de algún aceite vegetal como el de maíz u oliva en la cocción y mezclado con un huevo crudo. Si es arroz blanco hay que añadir salvado sino no lleva vitaminas. También se le puede dar en forma de copos de arroz, pero sin azúcar. También se puede añadir unos granos de sésamo molidos, o el preparado comercial tahine, pues aporta muchos minerales esenciales como el calcio.

De entre las verduras hay una que es muy completa para añadir a la dieta; la zanahoria. Rica en vitaminas, depurativa y vermífuga. Se puede añadir horneada, o cocida en agua. También rallada cruda es como actúa contra los gusanos del intestino. Aunque también sirven el boniato y el nabo preparados de la misma forma.

En cuanto a la leche, no es un alimento natural para un adulto y por tanto se le dará con mucha moderación, tan sólo remojando apenas los copos de cereal para ablandarlos. Comida en exceso provoca mucosidad y parasitaciones de gusanos. Tan sólo es correcto su uso para el destete de los cachorros, para hembras lactantes o animales enfermos. Por supuesto hablamos de leche entera y sin tratamientos UHT o pasteurización. El otro producto lácteo de elección es el queso fresco o requesón.

La fruta es muy adecuada y conveniente, y muy deseada por ellos sin necesidad de tratamientos previos, bien lavada si es de agricultura ecológica y sin piel si se cultivó con pesticidas. También lo son los frutos secos. Se deben machacar para poder ser digeridos y se pueden añadir a las papillas de cereal de la dieta. Aportan aceites esenciales y vitaminas. Nueces, avellanas, cacahuetes y almendras son los mejores.

El consumo regular de agua limpia de calidad, si puede ser de manantial sin cloro y sin plásticos como recipientes es fundamental. Nunca deben beber tras una comida copiosa porque estropean la digestión.

La miel es un alimento natural que el perro encuentra de vez en cuando en la naturaleza, y muy beneficioso como nutriente y antiséptico. No debe ser un alimento habitual, pero sí ocasional. Debe ser pura, ni filtrada ni calentada.

Los huevos frescos también deben darse de forma ocasional ya que ellos los encuentran en la naturaleza. Deben darse crudos y un poco de su cáscara molida puede ser digerida y asimilada por ellos gracias a sus jugos gástricos potentes y aporta mucho calcio.

Por último no hay que frustrar nunca los instintos naturales del perro en cuanto a alimentación. Ni excrementos de herbívoros, ni tierra, arena o piedrecillas si así lo consideran, ni tampoco la hierba rastrera que usan para purgarse. Tan sólo hay que impedir que ingieran sus propias heces o las de otros perros. Junto con una buena higiene del lecho y ejercicio físico adecuado, estas recomendaciones evitarán que su perro sea vulnerable a las enfermedades.

Si su perro ya es adulto y usted desea una transición de la comida inapropiada que comió hasta hoy a la dieta correcta, debe dar los primeros días un laxante suave para ayudar a limpiar de moco y comida atascada el intestino; como una cucharada de leche de magnesia, y en cuanto a los alimentos que acompañarán a la carne cruda, elegirá los copos de avena por su cualidad como limpiador intestinal, y el ajo machacado y la zanahoria cruda rallada como antisépticos y anti parasitarios eficaces.

Por último, y no menos importante, hay que luchar contra el síndrome del perro aburrido que suele ser muy problemático. El ejercicio físico, el no estar atado y al aire libre es fundamental para su salud mental. Además para una digestión total en una alimentación carnívora se requiere llevar a cabo ejercicios diarios abundantes.

Si usted es vegetariano y rechaza de plano el uso de la carne, se puede mantener el estado de salud óptimo del animal con cereales integrales, huevos, queso, leche y legumbres como garbanzos o soja, siguiendo los consejos anteriormente descritos, casi crudos y preparados para que puedan ser asimilados, aunque recuerde que su animal es carnívoro, quizás algo de carne cruda le permita tomar.

La naturaleza no decepciona a quienes acatan sus leyes sencillas.

---------------------------------------------

Nota del autor de este Blog: No comparto la recomendación de la autora de artículo de dar a comer huesos a los perros. Hay sobre el particular teorías de todo tipo, pero yo prefiero no dárselos. No soy ni veterinario, ni experto en perros; esto es una simple opinión personal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario